Mc Loving

Entiendo que la naturaleza es la mejor programación del universo. Cada partecita de la planta cumple una función, y si no, es hermosa. Entiendo que las conversaciones son sanadoras: aunque sean incómodas, aunque muchas veces salgan mal, siempre es mejor decir que callar. Y que también hay que aprender a escuchar.
No entiendo la guerra. Probablemente sepa muy poco de geopolítica. Pero en sí no entiendo, y no me entra en la cabeza, cómo se usan excusas tan absurdas como la biblia o la voluntad de un personaje ficticio, para ocupar territorios inundados de sangre y partes de cuerpos mutilados, descartados. Y no entiendo a las almas. ¿Qué hacen ahí adentro, habitando cuerpos que asesinan a otros, también habitados por almas? ¡Qué ridículo!
Tampoco entiendo el amor. El apego sí: es un bajón. Aun así, como toda droga, convengamos que tiene su atractivo: tener problemas con el ser apegado genera adrenalina, nos hace sentir importantes por las razones equivocadas. Complica todo y después tenemos tema de conversación como por 2 años más con nuestros pares, quienes pasen cosas similares y quieran saber y escuchar y opinar. Quienes necesiten identificarse con unx. Pero el amor no. El amor está allá, arriba del Todo, como una capa invisible o como una llovizna muy suave. O como una mirada que dura un poco más, esas miradas donde hay amor y hay placer, y ojo que el placer también duele, entonces el amor también duele, aunque sea de placer. No se entiende, no deja lugar a evidencias científicas, solo sucede. Después venimos nosotrxs a darle mil vueltas. Hacemos como que lo manejamos, lo exageramos o lo negamos. Hacemos como que la tenemos clara y no, no la tenemos clara ni ahí.
 
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Lo que sí entiendo es que el miedo (miedo al dolor, o al amor) nos paraliza y entorpece todo. Y que todavía no sabemos cuidarnos con la seriedad que deberíamos hacerlo. Entiendo que tenemos que aprender a amarnos, que tenemos que enamorarnos, auto-conquistarnos, auto-abastecernos de ese amor que tanto anhelamos. Algo así como ser el amor de nuestras vidas. Luego vendría el trabajo más colectivo, el encuentro con un otrx que desde su propio trabajo interno también pueda reconocernos como un ser amable y digno, a su vez, de amarlx. Pero mientras sigamos intentando esconder nuestra humanidad, lo que nos define y nos diferencia, tratando de parecer siempre perfectxs y felices, o siempre enojadxs y distantes, o siempre siempre o nunca nunca, así hermanxs, no llegamos más a la instancia de auto-reconocimiento y auto-aceptación. Y mucho menos a conectar con un otrx desde la entrega, desde el placer, sin la necesidad de demostrar(nos) nada más que amor. Siendo tan valiosxs, resultamos ser a la vez tan estúpidxs que me da una mezcla de ternura y lástima, piedad y repulsión, ganas de abrazar y de que me abracen, ganas de estar hot y de estar high y de llorar y de joder, me da excitación y melancolía, placer y dolor. Porque, por sobre todo y de manera inexplicable, me da mucho más amor y ganas de todo. Y no, eso no se entiende, solo sucede, y a esta altura creo que ya no importa por qué, sino qué.

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