La Encrucijada
Hacia el final de mis años 30, les quiero hablar sobre la teoría acerca de cómo, una vez estirada todo lo posible esa insoportable adolescencia milenial a la que nos aferramos, nos toca elegir si seguir haciéndonos lxs boludxs, o empezar a responsabilizarnos de lo que hacemos, decimos, pensamos, somos. O empezás a hacer una introspección honesta y humilde, un trabajo de auto-observación sincero, una auto-crítica verdadera; o empezás a patinarte entre un ego inflado, muy inflado, en contrapunto a una autoestima insospechablemente baja. Elegís, aunque no lo sabían antes, pero elegís, en una la ves y elegís. Una de Dos. Alta encrucijada, y bue.
Si te querés hacer el boludx, te arriesgás a convertirte en unx: vas a empezar a patinarte toda la energía en fingir que la tenés clara, que sos ese alter-ego canchero que siempre flasheás ser. En conclusión, vas a desenfocarte tanto, que al final vas a terminar convirtiéndote en un verdaderx idiota. Esto, en el mejor de los casos. También podrías resultar ser alto garca, alto hater, o alto virgo, alta verga. La re bajaste.
Por otro lado, si madurás, la empezás a pasar mal, sí, pero siendo un poco más libre. Se que con esto no le hago muy buena prensa a esta especie de "despertar", pero bueno, de esto se trata, de enfrentarlo igual. Se trata de entender que es mejor que ese padecimiento, que ya de por sí tenemos que atravesar, sea dirigido hacia una cura, y no el emergente de una trama que inútilmente quisiéramos esconder, llevándose todas nuestras fuerzas vitales y convirtiéndonos en unos lavatapers de la aceptación.
Entonces sí, les puedo contar que es un camino bastante hostil, hasta por momentos, es aterrador. Hay pozos hondísimos, tristísimos, vergonzosos. Y unos pasadizos vertiginosos, con arena movediza en pisos y paredes. Humedad absorbida, grumos de Mentiras. Pero cuando por fin avanzás, teniendo en cuenta las circunstancias tan adversas, el camino es todo tuyo, amiguerx. La carretera se abre infinita, y recién ahí tomás dimensión de lo que sos, de lo que hacés y lo que valés. Te conectás al éter, espiás tu akasha, ves los hilos de la matrix, qué se yo, re en esa, reina. Aparecen la magia y el amor, los cuidados pertinentes, the real autoestima. Algunas teorías dirían que de viejos, aquellos que se las mandaron, se van a querer matar. La culpa los carcome, los noquea y los mata. Pero, ¿Podría, la amargura adquirida por los años, ser un factor que determine cuál forrx fuiste cuando tenías la posibilidad de cambiar las cosas? ¿Te preguntaste si sos un forro o una forra? ¿Qué le sumás a la sociedad? ¿Y qué le restás? Epa.
Por último, pienso que cuando estamos conectados con el camino que elegimos tomar, tanto imbéciles como Valientes nos vamos a ir cruzando con otros viajeros más o menos paralelos, quienes anden en la misma vía circuito. En algunos casos, hasta vamos a llegar a querernos, a conocernos bastante. A estudiarnos, a nutrirnos mutuamente. En el mejor de los casos, alguien logrará recibir un poco del amor que necesitemos dar. Con suerte, también nosotrxs logremos recibirlo, si es que nos cruzamos con personas amorosas y no con cobardes. Pero hay un trabajo arduo para llegar a eso, y es un día a la vez, una labor cotidiana, un trabajo de hormiga, una construcción a migajas de voluntad, juntadas de donde sea, a lo que de lugar.
Así es como los caminos de algunas personas que antes estuvieron en nuestras vidas, se alejan como ramal despeinado, y ya los podemos ver como eran, sin el afecto que primero les depositamos, ¡y vaya que se vuelven más reales! Y aunque haya que extrañarlos y los queramos por siempre, tengamos presente que lo importante fue haberlos conocido, estudiarnos, llegar a querernos, aprender algo nuevo, como para que la próxima, no entremos en un repeat aburridísimo.
Porque "Lo que conozca de vos, más que de vos, me habla de mí
y lo que me hagas sentir, no va a tener tanto que ver con vos, como conmigo."
Contextualizemos y valoremos cada cosa que hacemos, pensamos y decimos, y cada cosa que nos dicen, nos hacen y nos piensan. No perdamos de vista que, a quienes nos molestan en nuestro camino, no les alcanza la vida ni el porcentaje embargado de honestidad para retribuirnos tanto dolor ancestral.
