Sobre la Memoria, la Verdad y la *Justicia*
El 13 de enero del '76, uno de los grupos paramilitares que más adelante conformarían la triple A, fue a buscar a mi papá para detenerlo y asesinarlo. Él era delegado de Propulsora y militaba en el PST. Lo buscaron en Ensenada y por suerte ya no vivía ahí. Ya había persecuciones, secuestros, torturas, violaciones, asesinatos y desapariciones antes de la dictadura. Volvieron a ir el 26 de marzo, ahora sí, en plena dictadura, ya conformada la triple A, pero tampoco lo encontraron, pues ya estaba advertido de que eran perseguidos para matarlos (lo cual está de más aclarar, pues si lo encontraban, yo no estaría sentada acá, escribiendo estas líneas). Fue perseguido por hacer huelgas para pedir mejoras laborales, por apoyar a los movimientos de estatales, estudiantes, docentes y obreros que buscaban trabajar y vivir en mejores condiciones. Mi madre lo conoció en el '77, cuando volvió de Catamarca, lugar al que se había autoexiliado junto a un amigo. Llegó a sacar el pasaporte, pero nunca pudo juntar la plata para irse del país. Quedó muy enojado con el partido, porque sintió que los dejaron solos. La vida era caótica, el miedo omnipresente, vincularse con otrxs, un acto político.
Nací en una familia de clase trabajadora. Casi clase media, principalmente por el capital cultural que se manejaba en casa. Mi madre fue estudiante de medicina, luego se dedicó a la docencia, y también estudió psicología social. Militó en partidos de izquierda, siempre del lado más trotsko del asunto. Soy hija de troskxs, trabajadorxs, delegadxs, perseguidxs políticxs, y me siento harto orgullosa de ellxs, porque puedo decir que se interesaron por dejarnos, a las generaciones venideras, un mundo un poco más justo. Un mundo mejor. No lo lograron, pero en mí sembraron la semilla de la lucha por la igualdad, de la cultura como agente transformador y la educación como base.
Mi papá pudo terminar la primaria de grande, pero siempre fue un autodidacta que se escapaba de su casa para pasar horas leyendo en la biblioteca Euforión. Mi mamá, 10 años más joven, admiraba al Che Guevara. Fue una estudiante brillante, aunque rebelde con la autoridad abusiva. Como Mafalda, una niña llena de ideales y compromiso social. Ahora puedo decir que tengo una madre de ideales revolucionarios, que pasó de niña a mujer en un contexto de represión militar y desconfianza cotidiana. Siempre al costado del camino, siempre fuera de serie, siempre distintos y distintas. Harto orgullosa de mi familia. Cuando crecimos, decidieron que íbamos a ir al bachillerato de Artes, sabiendo que ahí podríamos recibir una educación acorde a sus principios. Mi hermano estudió flauta y yo piano. Él magisterio, yo composición experimental. Los dos artistas. Ahora él vive en México, desde hace más de 15 años. Yo siempre en Argentina.
Qué loco cómo nos van pasando data sin que nos demos cuenta. Al final, somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotrxs, y eso que somos, lo podemos seguir moldeando hasta la muerte. Ahora puedo y me gusta hablar de la muerte. Tengo tantos afectos vivos como muertos, y creo fervientemente que el amor de alguien que se muere no se diluye en el aire, sino que se nos mete en el cora y de ahí no se mueve. El alma, si existe, deja rastros en la memoria familiar, comunitaria, colectiva. Huellas de saberes, conciencias entramadas con historias de amor y revolución. Huellas en la memoria, en el alma y el cuerpo. Somos el resultado de redes superpuestas difíciles de recorrer sin tropezar. Cuando un hilo se corte, toda la superficie tiene que acomodarse. ¿Cómo se acomodaron en tu familia? ¿Qué relato prevalece? ¿Quién tensó más? ¿Quién cortó el hilo, dónde y por qué?
Todo acto es político, todo saber, ideológico. Todo es inabarcable, pero entendible en términos abstractos. Lo difícil es explicarlo con palabras. Aun a mí, que me encanta analizar y explicarlo todo, y me jacto del uso de la palabra como arma transgresora, me cuesta mucho explicar por qué soy como soy, por qué soy quien soy, por qué creo en lo que creo, y no creo en lo que no me parece, porque no lo creo auténtico. Esta aproximación a mi historia busca, de algún modo, explicar lo inexplicable. Otra manera, mucho más práctica y esclarecedora, es transmitirlo a través de los actos. Que, como decía, creo que siempre son políticos y basados en valores ------ de generación en generación. Quien niegue eso, sin saberlo, negará su propia humanidad, limitándose a actuar el relato que aceptó sin cuestionar.
Pegando un salto a la actualidad, hoy es 24 de marzo de 2024 y en Argentina estamos padeciendo un gobierno que se esfuerza por atentar contra toda nuestra humanidad, declarando la guerra a la justicia social y la libertad de expresión. Desde mi lugar, me esfuerzo por rearmar mi propia historia familiar, a pesar de la ansiedad y angustia, buscando una manera creativa de aportar algo a la memoria colectiva. Porque sin memoria, el horror se puede repetir indefinidamente. Y para cambiar ese rumbo, es necesario tomar conciencia acerca del rol que estamos cumpliendo en la sociedad.
Empecemos a escribir nuestro propio relato, convirtiéndonos en los autores de nuestra propia historia. El desafío, ahora, es ver cómo trasferir algo tan abstracto, pero fundamental. Este es mi aporte.
Buena jornada de lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia.