ACTUALIDARK & SALUD

    Esta mañana viajando en un remís del barrio, nos pusimos a charlar con el chofer y terminé diciendo lo que estuve pensando en estos días: el contexto, aunque quiera disimularlo, me está llevando puesta. Soy acompañante terapéutica y hoy tengo que faltar al laburo porque estoy hecha pelota de salud. Soy sostén de alguien más, a quien tengo que contener, pero hoy no puedo. Mi cuerpo dice basta, no doy más, y me estallan los ojos, y me arde la garganta, y se me retuerce el estómago. Entonces lloro y es como si sangrara toda. La cabeza y el corazón. No sabría a qué médico ir. Es una sobrecarga de malestar que me deja anulada.
Decíamos que el problema es ese sector de la sociedad que no le importa nada. Que vota para el orto, con odio, con ignorancia, con prejuicios y con cobardía, o directamente no va a votar. Estamos en una sociedad donde prima la lógica inmadura de un adolescente que no se quiere hacer cargo de nada. Donde la culpa siempre es del otro, y la mejor defensa es el ataque a cualquier precio. Como cuando un estudiante no estudió y pretende aprobar mandando fruta. Citando el título y pretendiendo confundir a la profesora. Como cuando le decís a alguien que es una ridiculez haber votado a un desquiciado bancado por la extrema derecha, y a una mina que reivindica el terrorismo de estado, y te dicen que igual son todos una mierda. Bueno hermanx, vos también sos bastate mierda, ¿o qué te hace distinto al resto? Votá menos para la mierda, no sé, fijate. Dudo que votando a la izquierda termines generado este desastre económico, este colapso de la salud pública y mental. Dudo que así tengas que defender lo indefendible. La violencia hacia viejxs y discapacitadxs. Pero es como discutir con un niño, cosas de adultos. Desgasta y desmoraliza. Así está la cosa. Brava.
Además de ser acompañante terapéutica, soy estudiante de psicología. Cuando voy a la facu, siento que estoy en el pasado. Todavía hay buen trato, coherencia y respeto. Me pregunto cuánto durará, me cuestiono qué hago estudiando en este contexto. Creo que funciona como una terapia, un intento de no desconectar con la vida. Pero me cuesta cada vez más.
También soy artista. Compongo canciones, escribo, hablo sobre problemáticas de violencia y abusos en el rock, y conozco tantísima gente de ambiente. Me fui de entornos donde se me acosó, burló, ridiculizó, abusó y violentó. Sigo pensando que fue lo mejor. Irse de lugares de mierda es crecer. Podría estar en la burbuja cultural donde la música y la fiesta sirven de consuelo, y muchas veces de parche, de esos que tapan la falla. La fiesta como consuelo me parece un concepto divino, cuasi utópico, porque no puedo dejar de verlo como pura negación.
Así estoy. Brava. O así no estoy. En este contexto, estamos negadxs quienes mostramos la falla. El mensaje es que no existimos si no somos productivxs para el sistema. Si brindamos un servicio de cuidados humanos, en lugar de competir por ganar y consumir más, no servimos. El capitalismo en su estado más cruel, marchitando furioso, no tolera cuestionamientos ni críticas. Todo tiene que dar guita. Y justo soy una analítica insaciable, justo una mujer rebelde, artista, terapeuta obrera de la salud, socialista y feminista. De barrio y educación pública. Que cuando ganó este gobierno, tuve una crisis de angustia porque entendí que si van a cazar brujas, me van a venir a buscar. Intento estar lista, pero caigo en la somatización, en la duda y el bajón. Podrán decirme que no afloje, cosa que no tengo en mente, pero habría que charlarlo con mi cuerpo, que no para de brotar dolores y angustias. Ahora, mi prioridad es escucharlo y preservarme. Tomar fuerza descansando, para estar bien y seguir luchando.
Gestiono todo lo que puedo. He sabido sacar a amigas de circunstancias jodidas. He ayudado a conocidas y desconocidos y he contenido a estúpidxs demasiadas veces. Trabajo con problemáticas de salud metal, discapacidad, consumos problemáticos, violencia de género, trastornos del estado de ánimo. Todo lo que sean minorías despiertan en mí una pasión genuina que me excede. Incluso mal pago, amo mi trabajo. Me encanta tener amigas y amigos de distintas generaciones, con distintos recorridos y vivencias. De distintos sectores de la sociedad. Pienso que hay que ampliar las perspectivas, escuchar atentamente lo que se dice y lo que no. Abrirse a la realidad, nombrarla, exponerla, abarcar el conflicto. Salirse de la burbuja selectiva. Pero el contexto se cierra cada vez más, y yo caigo, me cierro y me agoto.
Hace poco una amiga de 80 años me dijo que para ella yo soy brillante. ¡Brillante! Y yo que me siento morir cada día de mi vida, que los domingos pienso que hay que aguantar otra semana en la guerra por sobrevivir a este desastre, que hay que intentar completar otra semana de laburo y responsabilidades, sin caerse, porque te aplastan. Que tengo que tratar de ser amorosa con mi familia y amigxs. Que tengo que apaciguar la frustración que me acompaña desde hace décadas, cuando entendí que ser mujer era un problema, que si fuese hombre, tener mi personalidad hubiese sido mucho más valorado. Mientras pienso en todo esto, veo cómo nos roban la tierra, la comida, los recursos, el fruto de nuestro trabajo, y sobre todo, nuestros derechos humanos. Cada semana más deshumanizadxs. Siento el brillo opacado que devuelve mi mirada en el espejo sucio, retrovisor. Qué elogio que alguien al borde de la vida pueda destacar luz entre tanto ruido. Algo que hace tiempo no veo. Ella, golpeada por la enfermedad, sin querer molestar a su familia, sin querer ser una carga. Una mujer mayor que me confía sus vivencias, sus viajes, sus dolencias y reproches, en una sociedad donde ser vieja es ser un estorbo y una vergüenza estética.
Y así, toda brillante viajo en un remís trucho con un chofer de pocas luces que dice que la única neurona que no se quemó, le sirve para entender que esto que estamos viviendo ya es cualquier cosa, menos una democracia. La droga no es excusa para volvernos unos idiotas. Podemos seguir teniendo pensamiento crítico. Gracias señor por mencionarlo y charlar un rato, no me siento mejor, pero veo que aún sigue viva una parte de mí que busca el encuentro con el otrx, en un intento por tejer redes seguras, de contención y apoyo. Aun sintiendo que todo se cae, que está todo perdido y que todavía va a empeorar mucho más. Evidentemente, la idea es morir con dignidad, pero me falta el empuje para sobrevivir con fuerza.

Gracias también por sus consejos para curar mis ojos enfermos, pero no tengo anillos de oro, ni pienso tenerlos. Preferiría tener seguridad social, estabilidad económica, saber qué día cobro, para qué me alcanza, poder hacer planes a futuro, tener la mente despejada para hacer música, para grabar, para tocar. Tener calidad de vida y aportar a la calidad de vida de las personas con las que trabajo y trato día a día. Pero hoy no puedo, no pude y no estoy pudiendo. Esta mierda no es gratis. Esta mierda nos está llevando puestos y puestas. Me duele decirlo, pero tengo que asumirlo. Al final, somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotrxs.










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